Domingo, 14 Octubre 2018 21:07

Corazón de Cristo IV: Beato Bernardo Fco. de Hoyos

Escrito por Rubén Herraiz y María Rivero
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Bernardo de Hoyos (1711-1735) fue un joven estudiante y novicio jesuita en Valladolid, de grandísima influencia en la espiritualidad católica española, especialmente en los ss. XIX-XX, debido a las apariciones místicas del Corazón de Jesús. Recibe del Señor la “Gran promesa”: «reinaré en España y con más veneración que en otras partes».

8aa2b9d52150cd1ea09e8b0cd050f7ebPara presentar este autor, nos centraremos en algunos pasajes del librito El tesoro escondido, que escribe junto a su director espiritual, el P. Juan de Loyola, para extender por toda la hispanidad del culto al Corazón de Cristo.

Siendo el primer capítulo del libro un recorrido por el origen de esta devoción, en los capítulos siguientes explica el objeto, el fin y los medios que la componen. El Corazón de Jesús que se le ha revelado contiene en sí todos los dolores, trabajos y penas que padecen los hombres. En efecto,

"es indubitable que la Pasión de Jesús en lo interior fue más penosa incomparablemente que en lo exterior; como también es cierto que toda la pena interior fue en el Sagrado Corazón, al cual, como a su centro, concurrieron todos los dolores de su alma santísima. Y así la tristeza, bastante, como él dijo, para causarle la muerte, el desamparo del Eterno Padre, el dolor de nuestros pecados, el temor, tedio, pavor, sudor de sangre, cuanto acerbo, cuanto amargo, cuanto cruel, cuanto terrible padeció Jesús en el huerto, en el discurso de su Pasión y en la Cruz, todo fue cáliz amargo de su amantísimo Corazón principalmente: todo aquel piélago inmenso de dolores, todo se juntó en su afligidísimo Corazón"[1]

El Corazón de Jesús es el lugar de la cruz, de la Pasión, donde se unen todos los sufrimientos físicos, psíquicos y espirituales de toda la humanidad. Y esto por ser, precisamente, un corazón que ama a los hombres. Así, el culto consiste tanto en corresponder a su amor infinito como en reparar las injurias que recibe. Este Corazón es sede de un amor no correspondido: herejías, sacrilegios, profanaciones; y entre los católicos, «¿qué indicios de amor, reverencia y culto rinden a este Señor amorosísimo?»[2].

Nos enseña el P. Hoyos, íntimo del Corazón de Jesús, los sufrimientos del Señor por la falta de amor de los que cabría esperar tales delicadezas. Habla de la falta de cuidado de los lugares sagrados, la soledad de Jesús Sacramentado en los Sagrarios, la indiferencia y la desatención en la celebración eucarística, la comunión en pecado mortal, junto a la frialdad, sin devoción, sin preparación etc. De los sacerdotes avisa de los que celebran la Misa sólo para enriquecerse y de los que celebran atropelladamente. En fin, del pueblo cristiano que vive en la ingratitud.

Debemos notar en este momento la influencia de las visiones de Margarita de Alacoque sobre el Corazón de Jesús, pues constantemente se apoya en sus textos para escribir su libro: Ves aquí mi Corazón; aquel Corazón tan abrasado en amor de los hombres que no omitió cosa alguna para declararlos su infinito amor.

Y en este punto, escuchemos al P. Hoyos invitando a todo hombre a vivir la espiritualidad del Sagrado Corazón, justo antes de comenzar a exponer las prácticas concretas con las que ayudarnos a vivirla:

"De la comparación hecha en este capítulo entre el amor del Corazón de Jesús y las ingratitudes de los hombres, consta cuán justa sea su amorosa queja y cuán grande nuestra obligación de resarcir sus ofensas. De donde se infiere consiguientemente, cuán propio sea de un ánimo cristiano corresponder a las finezas de aquel amante Corazón y desagraviar con todo género de obsequios sus injurias; en lo cual, como al principio se dijo, consiste el fin soberano de este culto. Pondérese con atenta reflexión la grandeza y santidad de fin tan alto, y por ella se podrá formar algún concepto de la excelencia y dignidad del culto que a él se dirige. ¡Oh corazones!, cuantos os preciáis de generosos, en el culto de este Rey de los corazones tiene digno empleo vuestra generosidad. ¡Oh Corazón divinísimo! ¡Si moviésesis a alguno de aquellos vuestros siervos que buscan en todo la mayor gloria de su Dios, para que volviesen por la vuestra, tan indignamente ofendida! ¡Oh Jesús dulcísimo, sin inspiraseis a vuestra amada Esposa la Santa Iglesia, que ella misma se emplease en los desagravios de vuestro sacrosanto Corazón, ingratamente injuriado, y empeñase a todos sus fieles y verdaderos hijos en su sagrado culto, para reparar de algún modo las malas correspondencias que sufre vuestro amor injustamente ultrajado y desatendido de los hombres, especialmente en el adorable Sacramento del Altar, misterio verdaderamente del amor de vuestro amantísimo Corazón!"[3]

Aquí se condensan las claves de la devoción al Corazón de Jesús que nos ofrece el P. Hoyos. El culto que se debe ofrecer debe buscar consolar y reparar por los rechazos de los hombres a un amor dulce que quiere entregarse a todos. Este culto se realiza a través de la vida interior (ejercicios de memoria, conocimiento y voluntad) y el culto externo: novenas, dedicación de altares, comunión y confesión frecuentes, las celebraciones del Corazón de Cristo el viernes de la Octava del Corpus, la Hora Santa los jueves por la noche que el Señor pidió a Santa Margarita, etc.

El P. Hoyos no utiliza las distintas categorías que nos ofrece la teología actual de la mediación ascendente. Sin embargo, no nos es difícil señalar algunas claras referencias que entran dentro de tal esquema. Así pues, podríamos decir que el librito del Tesoro escondido nos invita a vivir la vida cristiana desde la perspectiva de la reparación y la consolación. El amor de Jesús quiere derramarse sobre todos los hombres. Inclusive los que provocan los mayores dolores a su Corazón. También podemos hablar de solidaridad, pues el ofrecimiento personal y los actos de culto pretenden abarcar los actos de los demás.

___________________ 

[1] B. Fº de Hoyos, Tesoro escondido (Causa de Beatificación, Valladolid 2007) 35.

[2] Ibid, 44.

[3] Ibid, 48-49.

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