Domingo, 14 Octubre 2018 21:33

Corazón de Cristo VI: Luis Mª Mendizabal, SJ

Escrito por Rubén Herraiz y María Rivero
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El P. Mendizabal, fue «apóstol del Corazón de Cristo en nuestro tiempo, padre, maestro y guía de muchos que hemos encontrado en su testimonio, como hijo fiel de San Ignacio, y en sus enseñanzas, una antorcha luminosa para caminar entre las tinieblas de este mundo experimentando la fuerza del “amor más grande”, el que brota para siempre del Corazón glorioso de Nuestro Señor»[1]. Fue profesor de Ascética y Mística en la Universidad Gregoriana de Roma (1956-1966), presidente del Secretariado Nacional del Apostolado de la Oración (1968-1970) y, durante quince años, director Nacional del Apostolado de la Oración y de la revista Reino de Cristo (1979-1994). En los últimos años fue confesor en la iglesia de los jesuitas de Toledo y en el Colegio de San Ignacio de Alcalá de Henares.

luis maria mendizabalEntre los múltiples documentos que podríamos estudiar, nos centraremos en el artículo Líneas para una teología de la reparación[2]. Existe hoy un problema teológico a la hora de explicar la enseñanza de la reparación al Corazón de Jesús. El planteamiento es sencillo: ¿Cómo puedo yo consolar a Cristo resucitado y glorioso? Además de abordar esta cuestión, el P. Mendizábal trata de explicar cómo este aspecto de la espiritualidad no es extensible a todos los cristianos, sino más bien a personas con una vocación especial a un enriquecimiento en profundidad[3]. En este sentido, podemos leer:

"La teología nos dice que la reparación de Cristo es una reparación vicaria; pero es importantísimo, siguiendo los actuales estudios teológicos, se insiste mucho en el sentido que hay que dar a la palabra «vicariedad». No hay que entender una vicariedad como simple sustitución, sino una vicariedad que es solidaria y que, lejos de rendir inútil o superflua toda satisfacción, más bien da valor a las satisfacciones de los hombres; y este concepto debe aplicarse también a nuestra reparación. Aquí se presenta un problema teológico difícil. La persona por la cual Cristo ha reparado, ¿está dispensada quizás de arrepentirse y de reparar su pecado porque Cristo ha reparado ya por ella? Ciertamente que no. Tal actitud no sería ni siquiera justa. El pedir por una persona que ofenda al Señor no dispensa a la persona.

(…) Cristo representa a la humanidad pecadora y es Él el que, unido a nosotros, cabeza del cuerpo del cual todos nosotros somos miembros, hace posible nuestra reparación y le comunica su amor a ella; porque nuestros pecados caen verdaderamente sobre Él.

(…) Jesucristo no ha subido a la cruz para eximirnos a nosotros de ella, sino para hacer posible que nosotros llevemos nuestra cruz y para darnos fuerza de llevarla. En la Palaba «vicariedad» se expresa, por tanto, la idea de que Cristo no sufre por sus propios pecados. Precisamente en este sentido es en el que Él es Vicario. Son nuestros los pecados que Él toma sobre sí. Pero se trata de una vicariedad de solidaridad que da valor y potencia a nuestro sufrimiento.

Aquí tenemos el significado de la vicariedad: sustitución en cierta manera; pero no en modo tal que nos dispense de nuestra reparación cristiana[4].

En estas líneas encontramos gran profundidad teológica. El tema de la sustitución de Cristo por los pecadores cobra hoy especial actualidad. Y, como estamos viendo, encuentra un lugar teológico en la teología de la reparación, en la devoción al Corazón de Cristo. La propuesta del P. Mendizábal, impregnada del magisterio pontificio y la teología del s. XX (p.ej. el término utilizado es solidaridad), la podemos explicar en dos sentidos. Por un lado, Cristo ha asumido sobre sí los pecados de toda la humanidad y, de alguna manera, los ha hecho propios. Por otro lado, la invitación consecuente, que brota de esta acción de Cristo, a todos los cristianos a la reparación. Esta invitación no consiste en una serie de actos más o menos devocionales, de manera que nosotros le damos un sentido. No, la propuesta del P. Mendizábal abarca toda la vida del cristiano, vivida en clave de reparación. Así, podemos aprender de él[5] los diversos matices de la reparación: 

  • Reparación negativa: evitar lo que depende de la propia voluntad, el pecado personal.
  • Reparación afectiva: un amor que desea consolar a Cristo ofendido.
  • Reparación aflictiva: llevar en nosotros la Cruz viviente de Cristo; en tres grados:
    • Primer grado: La expiación estimula la unión con Cristo, cancelando las culpas.
    • Segundo grado: la expiación perfecciona la unión con Cristo, participando en sus sufrimientos.
    • Tercer grado: La expiación consuma nuestra unión con Cristo ofreciendo sacrificios por los hermanos.

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[1]Mons. José Rico Pavés en carta a Pablo Cervera, director de la serie Cor Christi, sobre el P. Mendizábal.

[2] L. Mª. Mendizábal, Líneas para una teología de la reparación, en: ETCC 30, 739-755. Para profundizar, se puede recurrir a Santiago Bohigues, El Corazón humano de Cristo. Líneas fundamentales del pensamiento del P. Luís Mª Mendizábal S.J. (Monte Carmelo, Valladolid 2009).

[3] L. Mª. Mendizábal, o.c., 739.

[4] Ibid, 743-744.

[5] L. Mª. Mendizábal, En el Corazón de Cristo (Monte Carmelo, Valladolid 2010) 81-96.

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