El P. Mendizabal, fue «apóstol del Corazón de Cristo en nuestro tiempo, padre, maestro y guía de muchos que hemos encontrado en su testimonio, como hijo fiel de San Ignacio, y en sus enseñanzas, una antorcha luminosa para caminar entre las tinieblas de este mundo experimentando la fuerza del “amor más grande”, el que brota para siempre del Corazón glorioso de Nuestro Señor»[1]. Fue profesor de Ascética y Mística en la Universidad Gregoriana de Roma (1956-1966), presidente del Secretariado Nacional del Apostolado de la Oración (1968-1970) y, durante quince años, director Nacional del Apostolado de la Oración y de la revista Reino de Cristo (1979-1994). En los últimos años fue confesor en la iglesia de los jesuitas de Toledo y en el Colegio de San Ignacio de Alcalá de Henares.

Marie-Joseph Le Guillou O.P. (1920-1990) fue nombrado perito en el Concilio Vaticano II a partir del segundo período. Tras la clausura del concilio publicó El rostro del Resucitado (Encuentro, Madrid 2012), una espléndida introducción teológica a la enseñanza del Vaticano. Fundador y primer director del Instituto de Estudios Ecuménicos del Institut Catholique de París, miembro de la Comisión Teológica Internacional y secretario de la Asamblea del Sínodo de los Obispos sobre el sacerdocio en 1971. Amigo de Henri de Lubac, Hans Urs von Balthasar y Joseph Ratzinger, para afrontar la crisis de los años setenta del siglo pasado propone la recuperación de la lectura hermenéutica de la tradición católica en volúmenes como El misterio del Padre (Encuentro, Madrid 1998), El Inocente (Monte Carmelo 2005), y Los testigos están entre nosotros. Murió el 25 de enero de 1990 en el Priorato de Béthanie de las Benedictinas del Sacré-Coeur de Montmartre (Blaru, Francia), donde se había retirado en 1979[1].

Bernardo de Hoyos (1711-1735) fue un joven estudiante y novicio jesuita en Valladolid, de grandísima influencia en la espiritualidad católica española, especialmente en los ss. XIX-XX, debido a las apariciones místicas del Corazón de Jesús. Recibe del Señor la “Gran promesa”: «reinaré en España y con más veneración que en otras partes».

San Claudio de la Colombière (1641-1682), sacerdote jesuita, entro en la Compañía de Jesús antes de cumplir los dieciocho años en 1658, e hizo sus primeros votos religiosos dos años más tarde. Su maestro de novicios dijo de él: “es un joven de prudencia superior a su edad, de juicio sólido y de notable piedad. A su fervor no parecen inasequibles las más altas virtudes”[1]. El 2 de febrero de 1675, día de su trigésimo cuarto cumpleaños, los superiores le concedieron la profesión solemne y, sin terminar la tercera probación, le enviaron como superior a una exigua residencia-colegio de tres padres, en la pequeña ciudad de Paray-le-Monial, donde fue confesor y director espiritual de santa Margarita María de Alacoque. 

Margarita María de Alacoque (1647-1690)[1], figura clave en la espiritualidad del Sagrado Corazón, fue religiosa de la Orden de la Visitación fundada por san Francisco de Sales y santa Juana Francisca de Chantal, desde el 1671 (año en que ingresó en la Orden a los 23 años) hasta el final de su vida. Considerada una de las grandes místicas, el Señor llevó a santa Margarita por un camino extraordinario de revelaciones místicas, de entre las que se destacan 4 grandes revelaciones que se dan entre 1673 y 1675. 

San Juan Eudes (1601-1680)[1]es considerado precursor de la devoción a los sagrados corazones, entendiendo que con santa Margarita María de Alacoque hay un nuevo resurgir, con fuerza, de esta corriente espiritual que nace ya con el apóstol san Juan[2]. Eudes, que consagra su familia religiosa a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, compuso el oficio y la misa propia de la fiesta del Sagrado Corazón, con aprobación del obispo local, años antes de las revelaciones de Paray-Le-Monial. Por eso, el Papa León XIII, al proclamar en 1903 la heroicidad de sus virtudes, lo denominó “Autor del Culto Litúrgico al Sagrado Corazón de Jesús y al Santísimo Corazón de María”

Sábado, 13 Octubre 2018 16:34

Rosarium Virginis Mariae (San Juan Pablo II)

Escrito por

El 16 de octubre de 2002, el Papa San Juan Pablo II publicó una carta apostólica sobre el rosario: Rosarium Virginis Mariae. El testimonio personal de San Juan Pablo II ha sido siempre elocuente: "El Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo. Hace veinticuatro años, el 29 de octubre de 1978, dos semanas después de la elección a la Sede de Pedro, como abriendo mi alma, me expresé así: «El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad»".

“Veni Sancte Spiritus, veni per Mariam” es una antigua fórmula de oración de la tradición de la Iglesia. Don Giussani, fundador de Comunión y Liberación, en los ejercicios espirituales de los Memores Domini en La Thuile, el 2 de agosto de 2001, indicó que en esta fórmula se resumía todo el dogma cristiano. Lo expresó con estas hermosas y profundas palabras:

Jueves, 04 Octubre 2018 12:51

Meditación: María, pobre y humilde

Escrito por

Tenemos que dar gracias a Dios por la visión que nos ha dado el Concilio Vaticano II sobre la Virgen María. Una perspectiva más bíblica, a la luz de los Santos Padres, potenciando la importancia de la liturgia y con un gran sentido pastoral, como lo manifiesta nuestro Papa Francisco.

En esta línea me llama poderosamente la atención una frase del Concilio. Dicha frase viene al hablar de la Madre del Mesías en el Antiguo Testamento. Dice así: “Ella (la Madre del Redentor) sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que confiadamente esperan y reciben de Él la salvación” (LG 55).

Domingo, 30 Septiembre 2018 14:36

Aliados con la Virgen de la mano del Papa

Escrito por

En la fiesta de los santos arcángeles se ha publicado una importante petición del Papa Francisco a todos los cristianos de los cinco continentes, ancianos, adultos, jóvenes y niños, sacerdotes y laicos, familias y comunidades religiosas:

Página 1 de 2