Conveniencia de proclamar dogmáticamente la Corredención de María

Conveniencia de proclamar dogmáticamente la Corredención de María

Los artículos de esta sección corresponden a la segunda parte de la Conferencia sobre María Corredentora que tuvo lugar el 28 de enero de 2017 en la parroquia "Santa Maravillas de Jesús" (Getafe), en la jornada de formación del Aula de Teología en el Corazón de Cristo. Fue posteriormente publicado en la revista Ecce Mater Tua 1 (2018).

[Audio completo de la Conferencia] [Video de la segunda parte de la Conferencia]

El interés por la proclamación de un quinto dogma mariano en la Iglesia nace en cualquiera que lea esta llamativa afirmación de Santa Teresa de Calcuta, del 14 de agosto de 1993, que reviste cierto carácter profético: The papal definition of Mary as Coredemptrix, Mediatrix, and Advocate will bring great graces to the Church = La definición papal de María como Corredentora, Mediadora (o mediatriz, o medianera), y Abogada, traerá grandes gracias a la Iglesia1.

Para arrojar luz sobre las preguntas que suscita la afirmación de Santa Teresa de Calcuta, vamos a acudir al padre de nuestra fe, a Abraham, con quien Dios inició la historia de la salvación hace aproximadamente cuatro milenios. Quizá nos iluminen las primeras palabras que Dios le dirigió, recogidas en el libro del Génesis:

En el s.IV convino fijar la fe sobre la divina naturaleza de Jesucristo con el término homoousios, a pesar de que esto produjo cismas con los arrianos y separaciones profundas en la Iglesia. En el s.XXI, cuando los cristianos estamos divididos en católicos, ortodoxos y protestantes, consideramos que conviene fijar la colaboración única de María a la obra salvífica de su Hijo con el término "corredentora".

Hay una conveniencia actual de profundizar y clarificar el papel esencial de la colaboración de María en la obra redentora y salvífica de Cristo, que debería cubrirse con la proclamación del 5º dogma, en perfecta armonía con los 4 dogmas previos. Se haría así justicia a la realidad intercesora de María, constante en la historia de la Iglesia.

Jesús hace a María Madre de los discípulos y madre de la humanidad (en cuanto que todos los hombres están predestinados a ser hijos en el Hijo), cuando dice a María: “ahí tienes a tu hijo” (Jn 19,25).