Jueves, 01 Agosto 2019 16:00

Venerable Madre Mariana de Jesús Torres y Berriochoa, digna hija de María Corredentora

Escrito por Mercedes Estop
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La Madre Mariana de Jesús fue religiosa de la Orden de la Inmaculada Concepción, y nació en la segunda mitad del siglo XVI en un pueblo de Bizkaia. Conozcamos más sobre ella y su relación con María.

La Orden de la Inmaculada Concepción, elegida para dar hermosos frutos de santidad y hermosas flores escondidas para el mundo, había nacido más de cien años antes por una inspiración directa de la Madre de Dios a la joven Beatriz de Silva, a quien se apareció en Tordesillas. La Santa Madre, Beatriz de Silva, fundadora de la Orden de la Inmaculada, beatificada por S.S. Pío XI el 28 de julio de 1926 y canonizada el 3 de octubre de 1976 por San Pablo VI, destaca por su silencio, fe y esperanza, por su devoción al misterio de la Concepción Inmaculada de María. Supo vivir y transmitir el carisma fundacional a sus hijas, hasta dar lugar a la creación de una nueva Orden, dándole la forma y hábito que nuestra Señora vestía en su aparición. El relato de la visión de la Virgen en Tordesillas fue decisivo para la iconografía de María Inmaculada, vestida de blanco y con manto azul. Es interesante que ya en época tan lejana hubiera esa firme convicción, sensus fidei, de la Concepción Inmaculada de la Virgen María, varios siglos antes de la declaración dogmática por el Papa Pío IX.

Mariana de Jesús siendo niña tuvo que viajar a Santiago de Compostela con su familia, y allí entró en contacto con un monasterio de religiosas concepcionistas, una de ellas, la abadesa, tía materna suya. A la edad de 13 años viajó a América como aspirante de novicia con un grupo de seis religiosas del Monasterio que bajo la dirección de su tía, la Madre María de Jesús Taboada, tenían la misión de fundar un Monasterio en Quito, Ecuador, que era aún colonia española. El día 2 de febrero de 1594, la madre Mariana Torres hacía su habitual oración de media noche en el coro alto, frente al altar mayor, cuando repentinamente vio apagarse la llama que ardía frente al Santísimo, dejando la capilla en completa obscuridad; cuando de pronto una dulce Voz la llamó por su nombre y una Bella Señora se apareció frente a ella. Una aureola de luz celestial la rodeaba con esplendor; estaba vestida con la saya blanca y el capuchón azul del hábito de la congregación; sostenía en Su Mano izquierda al Niño Dios, de celestial hermosura; en la otra Mano llevaba un báculo de oro bruñido y esmaltado de piedras preciosas; lo que significaba que Ella gobernaría como abadesa esa Santa Casa. "Soy María del Buen Suceso, Reina de los Cielos y de la Tierra"… Le dijo la Madre de Dios.

“La lámpara del Santuario que quema ante Nuestro Señor en el Tabernáculo, y que has visto extinguirse tiene muchos significados…”
“Tus oraciones, lágrimas y penitencias son muy agradables a nuestro Padre Celestial [...] Ahora quiero que esfuerces tu corazón y que no te abata el sufrimiento: Larga será tu vida para gloria de Dios y de tu Madre que te habla. Mi Hijo Santísimo te regala el dolor en todas sus formas; y, para infundirte el valor que necesitas, tómale de Mis Brazos en los tuyos”.

Al recibir al Niño Jesús en sus brazos, sintió un mayor deseo de consumirse como víctima para aplacar la Justicia Divina, si fuera posible, hasta el fin del mundo.

En una segunda aparición, el 16 de enero de 1599, la Santísima Virgen le dio a conocer diversos hechos futuros y le manifestó:

“Es voluntad de Mi Hijo Santísimo que tú misma mandes a trabajar una Estatua Mía, tal como Me ves, y la coloques encima de la Silla de la Prelada para, desde allí, gobernar Mi monasterio [...] para que entiendan los mortales que Yo Soy Poderosa para aplacar la Justicia Divina, alcanzar piedad y perdón a toda alma pecadora que acuda a Mí con corazón contrito, porque Soy la Madre de Misericordia y en Mí no hay sino Bondad y Amor… El obispo debe darle el nombre de María del Buen Suceso de la Purificación o de Candelaria. Tomaré completa posesión de esta Mi Casa, y pondré sobre Mí la responsabilidad de mantenerla a salvo y libre de todo daño hasta el fin de los tiempos.”

En los años siguientes, la religiosa sufrió un terrible calvario. Sólo el 5 de febrero de 1610 se pudo contratar al escultor designado por Nuestra Señora. Don Francisco de La Cruz Del Castillo, español; vivía en Quito, cuando recibió el encargo de su Reina como un regalo del Cielo. Casi un año después señaló que la imagen estaba prácticamente lista y que apenas faltaban pequeños retoques en la pintura, para lo cual fue a procurar los mejores tintes. El día 16 de enero de 1611 regresó al convento con el deseo de concluir su obra, pero... En la madrugada de aquel día, cuando las religiosas se dirigieron al coro para rezar el oficio, lo encontraron iluminado por una Luz sobrenatural y oyeron voces angélicas que cantaban La Salve. El virtuoso escultor Francisco de la Cruz del Castillo estaba atónito. “¡Madres, madres, esta imagen no es obra mía, sino angélica!”, exclamó tomado de un temor reverencial. En ese momento la Sagrada Imagen cobró vida y cantó con celestial armonía el Magníficat.” Francisco Del Castillo, el asombrado escultor, declaró en un documento escrito, y bajo juramento, que la hechura de la Imagen no estaba como él la dejó al salir de la clausura la tarde anterior, haciendo constancia de la milagrosa transformación operada en su primitivo trabajo.

En la aparición del 2 de febrero de 1634, la Virgen entregó a la Madre Mariana su Niño Jesús, que le reveló: “El dogma de fe de la Inmaculada Concepción de mi Madre será proclamado cuando más combatida esté mi Iglesia y cautivo mi Vicario. Del mismo modo [lo será] el dogma de fe del Tránsito y Asunción en cuerpo y alma a los Cielos de mi Madre Santísima."

A esta hija de Santa Beatriz de Silva le fue desvendado el futuro como a pocas almas privilegiadas. Y las revelaciones que le fueron confiadas, particularmente las que tienen relación con nuestros días, impresionan por la precisión, riqueza de detalles y semejanza con las de Fátima. Nuestra Madre Santísima hace a su hija dilecta esta terrible declaración:


“Tiempos funestos sobrevendrán, en los cuales... aquellos que deberían defender en justicia los derechos de la Iglesia, sin temor servil ni respeto humano, darán la mano a los enemigos de la Iglesia para hacer lo que éstos quieran."
"Cuando todo parezca perdido, será el inicio del triunfo de María".

Como en Fátima, después de la previsión de catástrofes para la Iglesia y la civilización cristiana, da la previsión de una espléndida victoria.

Así, al tratar de la propagación de las herejías en los siglos XIX y XX, María del Buen Suceso revela a la madre Mariana de Jesús Torres: "Ora con instancia, clama sin cansarte y llora con lágrimas amargas en el secreto de tu corazón, pidiendo a nuestro Padre Celestial, que por el amor al Corazón Eucarístico de mi Hijo Santísimo ponga cuanto antes fin a tan aciagos tiempos". La Madre Mariana llevó una vida llena de sufrimiento y mortificación. Tres veces fue elegida superiora, y durante su gobierno se desató una persecución por parte de las religiosas menos observantes contra ella, que incluso la llevó presa a la cárcel del monasterio, y soportó esta situación tan injusta con tanta mansedumbre y humildad que consiguió ablandar a las más reacias, y restablecer la paz entre ellas.

Lo más sorprendente de sus fenómenos sobrenaturales fueron sus diversas muertes y resurrecciones, atestiguadas por eclesiásticos y médicos de su tiempo. La primera fue en 1582 y la segunda, el Viernes Santo de 1588, despertando durante la mañana de Pascua siguiente. Falleció con fama de santidad el 16 de enero de 1635. La causa de canonización dio comienzo el 8 de agosto de 1986.

La Virgen le pidió que su estatua, con el nombre de Nuestra Señora del Buen Suceso, fuese puesta en el sitial de la priora, pues Ella se constituía como Madre, Reina y Priora del monasterio. Posteriormente, el obispo Salvador de Ribera, bendijo la estatua y le entregó las llaves. A continuación, colocó el báculo en su Mano derecha, entregándole el gobierno. El obispo siguiente, Pedro de Oviedo, aprobó la devoción y las apariciones, y la imagen fue coronada canónicamente, y proclamada Reina de Quito el 2 de febrero de 2001.

La Madre Mariana, verdadera hija de María, fue formada en el molde de Jesús. ¿Acaso no es María Madre de la Iglesia? ¿Acaso no dio a luz a sus hijos al pie de la Cruz con los dolores de parto más terribles que mujer alguna ha padecido?
Ella es la Nueva Eva, Madre de todos los que viven.

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