Sábado, 21 Septiembre 2019 16:53

Qué significa "Lex Orandi" ¡Inicio del blog!

Escrito por Hna Antonia MD
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“Lex orandi... Virginis Mariae” es uno de los blog del FMD. Tiene su mirada puesta en la liturgia y, de modo especial, en las oraciones marianas. Este blog se fundamenta en un principio teológico que ha existido siempre en la Iglesia: “lex orandi, lex credendi”. En el estudio de la teología es relativamente frecuente oír o usar la expresión “lex orandi, lex credendi”: la ley de la oración es la ley de lo que se cree. ¿Qué se quiere afirmar con ello?

7e786f858eb87c5eb437c2628fac78d6Dicho principio indica que aquello que la Iglesia siempre ha afirmado en sus oraciones, debe tomarse también por verdadero, como digno de ser creído. Lo que se reza en la liturgia es siempre expresión de la fe de la Iglesia. De ahí el altísimo valor que poseen los textos pronunciados en la divina liturgia.
Antes incluso de la formulación de los distintos dogmas, la fe se hallaba ya celebrada y cantada por oraciones, himnos y plegarias de la Iglesia, así como por los ritos con los que se celebraba.
Los textos litúrgicos, con su lenguaje orante, poético, evocador, manifiestan la fe de la Iglesia. No son formulaciones frías, conceptuales, sino que su lenguaje está pensado para la oración, con belleza y elegancia, jugando con las figuras bíblicas y la tipología de los Padres, para ser plegaria que contemple e introduzca en el Misterio.
Tanto el Magisterio de la Iglesia a la hora de definir los dogmas, como los teólogos cuando reflexionan y escriben, acuden primero a ver qué ha dicho la Iglesia, durante siglos, en sus oraciones, y encuentran en esto una base germinal que luego sistematizan.
El pueblo cristiano durante siglos ha tenido, como única instrucción y catequesis, escuchar e interiorizar, año tras año, las oraciones pronunciadas en la liturgia, y éstas eran más que suficientes para avanzar en el conocimiento de la fe.
La expresión, “lex orandi, lex credendi”, pone en evidencia la relación intrínseca entre la fe y la liturgia, y más aún, hace del acontecimiento salvífico litúrgico un medio de expresión de la fe y de trasmisión de la misma.
Y así, la liturgia es una fuente preciosa para las declaraciones dogmáticas, como ocurrió cuando Pío IX declaró el dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen; hacía ya varios siglos que la Iglesia de occidente celebraba litúrgicamente este misterio. También con la antiquísima fiesta litúrgica de la Asunción de la Santísima Virgen y su declaración dogmática en 1950. El dogma viene así a ratificar y a enriquecer lo que la Iglesia ya cree y celebra: la liturgia celebra lo que ella misma cree porque celebrando se está haciendo una pública profesión de fe.

Lex orandi, lex credendi, lex vivendi
En la celebración de la liturgia se transmite la fe, se recibe la fe que se profesa, y la forma concreta de vivirla para llegar a configurarnos con Cristo: Lex orandi, lex credendi, lex vivendi.
Para la comprensión de la lex vivendi, la liturgia exige ser vivida con actitudes teologales, de las que María es modelo, que luego se convierten en culto espiritual en la vida cotidiana, ya que “María... es sobre todo, modelo de aquel culto que consiste en hacer de la propia vida una ofrenda a Dios, pero también con el oído atento a la voz de la Virgen cuando ella, anticipando en sí misma la petición de la oración dominical: Hágase tu voluntad, respondió al mensajero de Dios: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” .
María aparece, por consiguiente, como el modelo de una celebración litúrgica que luego sabe traducirse en compromisos de vida evangélica, típica del verdadero discípulo del Señor.
San Juan Pablo II dice “María, dedicada constantemente a su Divino Hijo, se propone a todos los cristianos como modelo de fe vivida. «La Iglesia, meditando sobre ella con amor y contemplándola a la luz del Verbo hecho hombre, llena de veneración, penetra más íntimamente en el misterio supremo de la Encarnación y se identifica cada vez más con su Esposo»”.
En la liturgia tenemos una síntesis completa y límpida de doctrina mariana, segura en la formulación y elevada en las expresiones. Además, ofrece la medida múltiple, pero justa, de aquel culto a Cristo que se traduce en veneración especial a su Madre, revistiéndose aquí de varias formas de piedad, así como de otras tantas formas de amor filial.
Por consiguiente, en la liturgia hallamos a nivel de fe profesada y vivida “una norma de oro para la piedad cristiana”; pero también el manantial, la cima, la escuela y la experiencia mistérica de nuestra comunión con la Madre de Dios. Todas las demás formas de veneración y de devoción para con María deben converger en la liturgia, fundirse con ella y eventualmente, si fuera preciso, proceder de ella.
La Iglesia en su liturgia, celebra el misterio de la Virgen Madre asociada a Cristo y se vive la mejor y la más auténtica forma de devoción mariana en cuanto entra en comunión con la Virgen y con sus sentimientos. La liturgia, por consiguiente, está en el centro y es la cumbre de la devoción mariana. Como advierte la Exhortación de Pablo VI Marialis cultus:

“Recorriendo la historia del culto cristiano se nota que, tanto en Oriente como en Occidente, las más altas y más límpidas expresiones de la piedad hacia la bienaventurada Virgen han florecido en el ámbito de la liturgia o han sido incorporadas a ella”.
“María está presente en todos los tiempos de la salvación. Ha estado presente en toda la vida de Cristo. La Liturgia refleja esta misma presencia universal: María está presente en el principio del año litúrgico, en el ciclo de Navidad, y muy directamente en el ciclo de Pascua. Está presente en cada misa, sus fiestas van jalonando todo el año, invitándonos a instaurar en nuestras vidas una presencia a la vez mayor de la Virgen María. No se trata de una presencia sentimental, es una presencia del orden de la fe, de la esperanza y de la caridad. Es un reconocimiento de la presencia de María en Cristo, en la Comunión de los Santos, donde es la más cercana a Cristo y por lo mismo la más cercana a cada uno de nosotros. El papel de María es una presencia en Dios y por Dios. Es una presencia que nos conduce a Cristo, como en Caná, donde María intercede cerca de su Hijo, y después dice a los servidores: Haced lo que Él os diga”.

Por esto, es necesario vivir cercanos a la Virgen. “Ningún otro sabrá introducirnos como Ella en la dimensión divina y humana de este misterio de la Redención. Pues nadie como María ha sido introducido en él por Dios mismo”. Pidamos esta gracia.

Así pues, en este blog publicaremos textos relacionados con la liturgia, la oración, la devoción a María y sus diversas manifestaciones de piedad, que de algún modo aborden la cuestión de la corredención o del papel de María en la obra salvífica de Cristo. Comenzaremos con el inicio del año litúrgico.

“La veneración que la Iglesia ha dado a la Madre del Señor en todo tiempo y lugar

constituye un sólido testimonio de su «lex orandi» y una invitación a reavivar en las conciencias su «lex credendi». 

Viceversa: la «lex credendi» de la Iglesia requiere que por todas partes florezca lozana 

su «lex orandi» en relación con la Madre de Cristo”.

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